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INGENIERÍA HUMANA

Adolescencia, escuela y personalidad

En esta etapa la sexualidad se manifiesta como una motivación superior humana, configurada también con otros sistemas subjetivos; la comunicación representa un elemento fundamental en el desarrollo del individuo

EUGENIO GARCÍA ROMERO 22/03/2015 a las 06:00    
.  AGENCIAS

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Para comprender la adolescencia, partimos del reconocimiento del niño, el cual -desde que nace- tiene una vida social y está sometido a varios sistemas fundamentales, uno de ellos es el de relación con la vida externa, de comunicación con el mundo en el que se desarrolla; y el otro es un sistema de actividades que es creciente y va ganando en complejidad. Esa actividad empieza con la simple manipulación de objetos externos y va atravesando después por lo que es la actividad escolar, la socialización formal e informal.
Personalidad
Se entiende como un conjunto de sistemas, estrechamente relacionados entre sí, que principalmente se definen por el hecho de que individuos distintos reaccionan y se comportan de manera diferente. Utilizamos el concepto de personalidad para referirnos a ciertas clases de conductas relativas al autoconocimiento, al reconocimiento interpersonal en la presentación de la propia identidad en las relaciones
sociales.
Relaciones maternas en la niñez
René Spitz hace muchos años nos demostró cómo las incongruencias en la comunicación con la madre podrían ocasionar una serie de trastornos emocionales que podían incluso conducir hasta la muerte del niño. Sin embargo, a este concepto de comunicación se le ha explotado básicamente en la teoría interactiva, sin tener suficientemente en cuenta al niño como subjetividad humana. Esto quiere decir que a pesar del hecho de que otorgamos una gran importancia al sistema de relaciones del niño, esas relaciones actúan desde que nace como un sistema que va a abarcar todo su desarrollo hasta que llegue a la vida adulta; ya en la vida adulta el sistema comunicativo continuará complejizándose. Lo cual significa que en el sistema de relaciones del niño hay un hecho fundamental; forma parte de un sistema de comunicación que tiene un carácter histórico desde que nace.
Psicología y personalidad
Es muy difícil ubicar la categoría “personalidad” dentro del marco de referencia en el que se mueve la psicología actual. Incluso en muchas universidades el tema de la personalidad se presenta bajo un programa que abruma al estudiante con una gran cantidad de teorías, y sucede que al finalizar el curso aquel no sabe a ciencia cierta qué cosa es la personalidad humana. Por esta razón, resulta necesario rescatar la categoría “personalidad”, considerándola como una de las categorías básicas para la integración holística de una representación de la subjetividad humana, que tiene puntos de contacto, de expresión y de crecimiento con todas las esferas de la psicología aplicada. No pretendemos decir con esto que el objeto de la psicología sea el estudio de la personalidad.
Afecto y sexualidad en el adolescente
En la adolescencia aparecen nuevas pulsiones, como la necesidad sexual, que busca su expresión hacia una definición más madura, en la que aparece formando parte de una configuración en que se integran las necesidades de amor, de contacto íntimo personal y la necesidad de pareja, entre otras más. La sexualidad se manifiesta como una motivación superior humana, configurada también con otros sistemas subjetivos. Por este motivo, cuando el adolescente no expresa satisfactoriamente esta esfera subjetiva, no necesariamente entra en crisis. Las contradicciones que surgen de una sexualidad que cambia indiscutiblemente y que necesita una configuración subjetiva, no conduce de forma lineal a una crisis de la adolescencia.
Desarrollo y conflicto
En el desarrollo humano los conflictos y el sentido de los mismos se expresan en una dimensión individual. Ninguna esfera de la personalidad se expresa con el mismo sentido en adolescentes diferentes, tomemos, por ejemplo, el valor del grupo adolescente como área de conflicto y de crisis frente al adulto, aspectos muy señalados en la literatura sobre el tema. Las relaciones del adulto con el adolescente entran en crisis cuando éste quiere perpetuar sistemas de comunicación que no reconocen el desarrollo de las nuevas potencialidades del periodo; en cambio, cuando el adulto, padre o maestro, es capaz de crear un mundo distinto donde el adolescente tiene un lugar y donde se da un cambio cualitativo en la comunicación entre ellos, entonces el adolescente no necesariamente entra en crisis.
Diferencia en las edades
En muchas investigaciones se han encontrado jóvenes cuyas edades van de 13, 14, 15 y 16 años, que corresponden adolescentes en las etapas temprana y tardía, que han expresado: “lamento que mi padre no tenga mi edad para poder compartir más con él”; esta afirmación nos revela que la crisis en este caso depende de cómo se constituye la relación padre-hijo. La crisis no es una condición de esa relación, sino que es una expresión de la configuración cualitativa que esta relación tiene en la realidad. En consecuencia, la relación con el adulto en el periodo adolescente puede conformar un momento de crisis o puede potenciar la auto estima del adolescente, sus proyectos, sus puntos fuertes, convirtiéndose en una unidad subjetiva de desarrollo más de ese periodo de la vida.
Estudio y autovaloración
Muchos adolescentes se autovaloran, principalmente con base en su actividad de estudio y a los resultados alcanzados en la misma. Desde muy jóvenes habían sido muy valorados socialmente por los altísimos resultados académicos obtenidos en un periodo de su vida. La sobrevaloración social de que son objeto les conduce a modificar la jerarquía de sus motivaciones, determinando que su motivación principal para estudiar, más que para aprender, fuera la de ocupar un lugar por encima de sus compañeros. Inicialmente, fue el interés por el estudio, por aprender, lo que les lleva a obtener altos resultados en su aprendizaje, pero lo que ellos realmente desean, es ocupar un lugar sobresaliente; buscan la excelencia, pero no por el placer de la actividad cognitiva que ella implicaba, ni por el reconocimiento de su esfuerzo en el trabajo; desean lograr la excelencia para alcanzar un estatus, una posición social superior con relación al resto de sus compañeros.
Escuelas rezagadas
Fernando González Rey, en su trabajo titulado “Adolescencia Estudiantil y Desarrollo de la Personalidad”, menciona que: A pesar de las computadoras, de la inteligencia artificial, del boom tecnológico, la escuela contemporánea, desde mi punto de vista, sigue en el medievo en muchos aspectos. En primer lugar, como institución no ha podido cambiar en función de los cambios cualitativos de las potencialidades del estudiante y del momento en que éste se encuentra en su desarrollo. Esto sucede desde la escuela básica, que sigue centrada en la unidad de conocimientos, no preocupándose en qué hace el niño con lo que aprende, ni en cómo lo hace, lo que le interesa es que el niño aprenda a leer como un papagayo, cuando el problema es que el niño comprenda, y que cuando comprenda sea capaz de personalizar esa comprensión y la use en los procesos de su fantasía, de sus relaciones personales y de su proyección como persona.
Escuela y personalidad
De las capacidades que permitan al adolescente desarrollar operaciones que hagan efectivo el conocimiento que adquiere. La escuela no debe limitarse a seguir una orientación, debe hacer esfuerzos dirigidos a motivar los intereses del educando y llevarlos a tomar una posición activa hacia el conocimiento, hacia la búsqueda de lo nuevo, probar sus habilidades en el manejo de procesos de análisis, de síntesis, de generalización y otras operaciones activas que no lo limiten a la mera reproducción del saber y que lo lleven a participar en el aula, a hacer preguntas y a cuestionar el material que aprende. La escuela orientada hacia la persona estimula importantes operaciones de la personalidad, como son la capacidad de problematizar, plantearse criterios propios y estructurar el campo del aprendizaje. En la medida que se estimulan estos avances, se individualiza el proceso educativo y se garantiza la acción activo-transformadora del educando hacia el conocimiento, convirtiéndolo en sujeto de su propio aprendizaje.
Para variar: comunicación
González Rey enfatiza: No nos comunicamos con el adolescente, es más, no sólo con el adolescente, no nos comunicamos con el niño tampoco, comunicación no es oír, comunicación no es complacer, comunicación no es llevarle artículos de consumo, comunicación es entrar en la lógica del otro, ponernos en el lugar del otro, dedicarnos al “otro”, sobre todo cuando por nuestra experiencia y por nuestro desarrollo hemos transitado un camino que el otro no ha transitado. Muchas veces las múltiples ocupaciones de nuestra sociedad moderna, nuestra propia necesidad de realización, los varios sistemas de relaciones en que nos encontramos como sujetos adultos, hacen que nuestra relación con el niño o con el adolescente sea una relación secundaria, y esto lo siente ese niño y lo siente ese adolescente en el ámbito más profundo de su construcción afectivo-emocional.
Cuidado
Ten mucho cuidado, las relaciones y experiencias padres-hijos son irreversibles.
Calidad, no cantidad
La comunicación no es llevarle artículos de consumo, comunicación es entrar en la lógica del otro, ponernos en el lugar del otro, dedicarnos al “otro”, sobre todo cuando por nuestra experiencia y por nuestro desarrollo hemos transitado un camino que el otro no ha transitado. Muchas veces las múltiples ocupaciones de nuestra sociedad moderna, nuestra propia necesidad de realización, los varios sistemas de relaciones en que nos encontramos como sujetos adultos, hacen que nuestra relación con el niño o con el adolescente sea una relación secundaria, y esto lo siente ese niño y lo siente ese adolescente en el ámbito más profundo de su construcción afectivo-emocional.
Agresión mediática
Como no educamos para el contacto social, como no enseñamos a amar, como no trabajamos el amor como categoría, es un tema que se ve sólo en los libros de Fromm y otros autores, pero no forma parte de nuestras instituciones, ni de nuestra cotidianidad. Por eso la sexualidad se enajena y encuentra sus formas más inmediatistas, más biologicistas, más deterioradas, a través de la prostitución, de la pornografía y de todo el manejo que se hace con la sexualidad humana.
Sexualidad y violencia forman parte de las coordenadas de enajenación de casi todas las producciones baratas de los medios masivos de comunicación de nuestra era. El niño educado en esa forma de sexualidad fija su construcción subjetiva a través del espectro de la sexualidad que le llega por el macro medio y no como una expresión natural de la etapa en que se desarrolla, no como una expresión socializada de su riqueza individual, sino como expresión despersonalizada asumida desde fuera como consumo, como mercancía.

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