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Ingeniería Humana

Las sustancias de los sueños, el aprendizaje y la memoria

Eugenio García Romero 28/06/2015 a las 06:00    
Las sustancias de los sueños, el aprendizaje y la memoria.  ESPECIAL

Las sustancias de los sueños, el aprendizaje y la memoria. ESPECIAL

Desde hace mucho años, el sueño se ha considerado un proceso fisiológico fascinante, solo algunos de los misterios acerca de su origen, fisiología y funciones biológicas han sido esclarecidos y aún falta mucho por estudiar. La investigación sobre la biología del sueño y sobre los efectos clínicos de sus trastornos cada vez deja más en claro que el sueño es un proceso de vital importancia para la salud integral del ser humano.
Cada vez menos sueño
El especialista Paul Carrillo Mora y sus colaboradores en la División de Rehabilitación Neurológica del Instituto Nacional de Rehabilitación, en su trabajo titulado “Neurobiología del sueño y su importancia: Antología para el estudiante universitario”, señalan: “Sin embargo, según algunos estudios, la tendencia en la población mundial es hacía la reducción del tiempo total de sueño, lo cual se ha reflejado en el incremento en la incidencia de trastornos del sueño. En este sentido, la población joven es especialmente proclive a desarrollar trastornos del sueño, principalmente debido a factores externos, tanto sociales como ambientales y a distintos hábitos que pueden afectar su calidad, como lo es el consumo de alcohol, tabaco, cafeína, etc.
¿Qué es el sueño?
A. Vassalli y D. J. Dijk, en el artículo titulado “Sleep functions: Current questions and new approaches”, publicado en el European Journal Neuroscience, mencionan que al intentar definir el sueño no podemos evitar imprimirle nuestra experiencia humana, pero como hemos mencionado anteriormente, las características del sueño varían enormemente entre las diferentes especies. Resulta más sencillo enumerar las características conductuales que se asocian con el sueño, en el ser humano, que quizá definirlo apropiadamente de una forma más amplia: 1) disminución de la conciencia y reactividad a los estímulos externos; 2) se trata de procesos fácilmente reversibles, lo cual lo diferencia de otros estados patológicos, como el estupor y el coma; 3) se asocia a inmovilidad y relajación muscular; 4) suele presentarse con una periodicidad circadiana o diaria; 5) durante el sueño los individuos adquieren una postura estereotipada; y 6) la ausencia de sueño (privación), induce distintas alteraciones conductuales y fisiológicas, además de que genera una “deuda” acumulativa de sueño que eventualmente deberá recuperarse.
¿Por qué dormimos?
También Vassalli y por otro lado S. Diekelmann y J. Born, en su artículo titulado “The memory function of sleep”, publicado en la National Rev. Neuroscience, coinciden en que: aún no se tiene una idea clara acerca de por qué dormimos, además es poco probable que exista solo una respuesta para esta pregunta, sin embargo, sí resulta evidente que diversos y muy importantes procesos fisiológicos están estrechamente relacionados o incluso están determinados por el sueño o la periodicidad del mismo. A este respecto, existen diversas teorías acerca de las funciones del sueño, por ejemplo: 1) restablecimiento o conservación de la energía; 2) eliminación de radicales libres acumulados durante el día; 3) regulación y restauración de la actividad eléctrica cortical; 4) regulación térmica; 5) regulación metabólica y endocrina; 5) homeostasis sináptica; 7) activación inmunológica; 8) consolidación de la memoria,
etcétera.
Sueño y aprendizaje
Tanto maestros como estudiantes generalmente nos preguntamos ¿cuál es la participación del sueño en el aprendizaje y la memoria?, al respecto, Paul Carrillo Mora, en su artículo titulado “Sistemas de memoria: Reseña histórica clasificación y conceptos actuales. Primera parte: Historia, taxonomía de la memoria, sistemas de memoria de largo plazo: La memoria semántica”, publicado en la revista Salud Mental, que desde principios del siglo XX algunos investigadores ya habían demostrado que la retención de la memoria era mucho mejor después de una noche de sueño que después de un intervalo de descanso similar, manteniéndose alerta.
Sin embargo, en esta época se pensó que el efecto positivo observado era en realidad inespecífico, por lo que no llevó a concluir que en realidad el sueño en sí mismo pudiera tener un papel en el proceso de aprendizaje y memoria. En la actualidad, diversos estudios, tanto experimentales como clínicos, han demostrado que el sueño tiene efectos positivos sobre distintos tipos de memoria.
Cuánto dormir para una buena memoria
Al respecto, L. M. Talamini, I. L. Nieuwenhuis, A. Takashima y O. Jensen, en el artículo titulado “Sleep directly following learning benefits consolidation of spatial associative memory”, publicado en la revista Learn and Memory, nos comentan que sorprendentemente algunos estudios sugieren que la duración del sueño parece no tener relación con el efecto positivo sobre la memoria, ya que se demostró que incluso brevísimos periodos de sueño o siestas de hasta 6 minutos de duración son capaces de provocar una mejoría significativa en la retención de información. Sin embargo, también es prudente señalar que una mayor duración del sueño se asocia con una mejor retención de la información al compararlo con un periodo más breve de sueño. El tiempo entre el aprendizaje y el periodo de sueño también parece influir sobre el resultado en la memoria, algunos estudios sugieren que un intervalo corto, por ahí de unas 3 horas entre el aprendizaje y el sueño, parece ser mejor que un intervalo más largo de unas 10 horas.
Sueño y memoria a cualquier edad
En la revista PLoS ONE, J. D. Payne y sus colaboradores publican el artículo titulado “Memory for semantically related and unrelated declarative information: The benefit of sleep, the cost of wake”, citando que la mayor parte de los estudios sobre sueño y memoria han sido realizados en adultos, pero algunos estudios realizados en niños, ancianos y adolescentes parecen comprobar el mismo efecto positivo del sueño sobre la memoria. Sin embargo, estudios en pacientes ancianos sugieren que los efectos positivos del sueño sobre la memoria procedimental disminuyen con la edad, mientras que permanecen sin cambios para la memoria declarativa, además de que estos pacientes parecen resultar más resistentes a los efectos deletéreos que ejercen la privación y fragmentación del sueño sobre la memoria. En otro estudio se demostró que el sueño no solo tiene un efecto sobre la información aprendida previamente, sino que también mejora las capacidades de aprendizaje durante el día siguiente al periodo de sueño; en otras palabras, el sueño previo también mejora las habilidades diurnas de aprendizaje del día siguiente (quizá esta evidencia apoye la recomendación generalizada que hacen padres y profesores a los estudiantes a cerca de dormir bien
antes de un examen).
Baja memoria y aprendizaje por no dormir
Acá, G. A. Kerkhof y H. P. A. Van Dongen, en su trabajo titulado “Human sleep and cognition”, publicado en el Prog. Brain Res, comentan que primero vale la pena señalar que existen diversas formas de pérdida de sueño: a) la privación de sueño, que quiere decir la suspensión total del sueño por un periodo mayor de 24 horas; b) la restricción del sueño, que significa una disminución del tiempo habitual de sueño, generalmente de forma crónica; y c) la fragmentación del sueño, que significa la interrupción repetida (despertares) de la continuidad del sueño. Todos estos tipos de alteraciones del sueño han demostrado afectar distintas funciones cognitivas y variedades de memoria en mayor o
menor grado.
Sueño y café
T. T. Brunye y sus colaboradores, en el artículo titulado “Caffeine modulates attention network function”, publicado en la revista Brain and Cognition, señalan que la cafeína es un alcaloide de origen vegetal del grupo de las xantinas que está presente en diversas bebidas de consumo humano habitual como el café, el té y el chocolate. La cafeína, que puede considerase como el principal ingrediente activo del café, tiene efectos en el sistema nervioso central, en donde actúa bloqueando los receptores A1 y A2a de adenosina, provocando a su vez un incremento de las concentraciones cerebrales de dopamina, noradrenalina y serotonina. El consumo de cafeína en bebidas está ampliamente difundido a nivel mundial y goza de una gran popularidad debido a los efectos positivos con los que se asocia su consumo moderado: mejora el estado subjetivo de alerta, reduce los tiempos de reacción, así como la fatiga y la somnolencia durante el día.
Múltiples estudios se han realizado tanto a nivel experimental como clínico para establecer si la cafeína realmente tiene un efecto estimulante sobre algunas funciones cognitivas, pero hasta el momento la evidencia continua siendo contradictoria; en el mejor de los casos se ha demostrado que puede mejorar la memoria verbal y las habilidades visomotoras, quizá mediante sus efectos sobre el estado de alerta, la atención y la
velocidad de reacción.
Bebidas “energéticas”
S. M. Seifert y sus colaboradores, en el artículo titulado “Health effects of energy drinks on children, adolescents, and young adults”, publicado en el Pediatrics Journal, señalan que el ingrediente principal de estas bebidas es la cafeína, sin embargo, también contienen cantidades tremendamente variables de otras sustancias, principalmente taurina, edulcorantes, vitaminas y fitofármacos, algunos de estos últimos con acción sobre el sistema nervioso central como la yohimbina, el guaraná y la teobromina.
Solo recientemente se han comenzado a estudiar las consecuencias de este consumo en la salud de los jóvenes y aún son pocos estudios que demuestren algún efecto contundente, sin embargo, existen diversas preocupaciones en aspectos, como sus efectos cardiovasculares, conductuales, sobre el rendimiento académico, sobre la obesidad, trastornos alimentarios, el crecimiento normal, la mineralización ósea, el sueño, etc.

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