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CIENCIA FORENSE

Responsabilidad civil en negligencia afectiva docente

Eugenio García Romero 05/07/2015 a las 06:00    
En el tiempo que tengo como docente, tanto de educación especial como regular, la cual va desde el nivel preescolar hasta posgrado, y en el ejercicio de la Maestría en Pedagogía, entre otros quehaceres académicos más, aún me sorprendo ante la negligencia afectiva que muestran ciertos “profesores”. No es necesario golpear a un niño para que este hecho sea considerado como maltrato; existen acciones y actitudes de los mentores que, de manera recurrente, no identifican o proveen lo que un niño realmente necesita. La negligencia afectiva es una forma de maltrato infantil que comprende omisiones y falencias intencionales de un adulto para suplir las necesidades de un niño o para proveer el cuidado que necesita, teniendo los medios y las herramientas para hacerlo.
La Pedagogía como una expresión afectiva
La interacción del profesor con sus alumnos conlleva procesos afectivos, y que estos a su vez intervienen en la generación de un determinado clima social en el aula, el cual puede ser propicio para el aprendizaje o puede interferir con el mismo. Esto plantea la necesidad de describir y analizar las dimensiones afectivas de la docencia, que están presentes durante la interacción en el aula, así como su impacto sobre el aprendizaje de los estudiantes.
Neurociencias y afecto
Investigaciones recientes en el campo de las neurociencias, reportadas por un lado por R. N. Caine y G. Caine, en su artículo titulado “Building a bridge between the neurosciences and education: Cautions and possibilities”, publicado en el NASSP Bulletin y, por otro lado por António Damásio, en su libro titulado “Looking for Spinoza: Joy, sorrow and the feeling brain”, han revelado que los aspectos afectivos (emociones y sentimientos) se encuentran íntimamente relacionados con el pensamiento, la comprensión y los procesos conscientes de meta-cognición y autorregulación que intervienen en el aprendizaje. Asimismo, estudios realizados en el ámbito psicopedagógico han puesto de manifiesto que lo que se ha conceptualizado como “enseñanza afectiva” tiene un impacto positivo sobre el crecimiento personal de los estudiantes, sobre el aprendizaje y los procesos de socialización. La enseñanza afectiva toma en cuenta las actitudes de los estudiantes, así como sus sentimientos y creencias, lo cual los motiva a incorporar durante el aprendizaje sus intereses y experiencias personales. Por contraposición, la enseñanza que se orienta hacia los procesos cognitivos se centra más bien en proporcionar información y explicar conceptos y no incorpora, al menos de forma intencional, la dimensión subjetiva del aprendizaje.
Modelo de razonamiento pedagógico
L. Shulman es el autor del artículo “Ways of seeing, ways of knowing, ways of teaching, ways of learning about teaching”, publicado en el Journal of Curriculum Studies, es el creador del Modelo de Razonamiento Pedagógico, que abarca un ciclo de actividades que caracterizan a la buena enseñanza, a saber: comprensión, transformación, instrucción, evaluación, reflexión y nueva comprensión. Dentro de este ciclo, Shulman incluyó aspectos que apuntan claramente a cuestiones afectivas vinculadas con la enseñanza, tales como: a) Capacitar a los alumnos para que disfruten y utilicen sus experiencias de aprendizaje; b) Aumentar sus responsabilidades para que lleguen a ser personas solidarias; c) Enseñar a los alumnos a creer y a respetar a otros y a contribuir al bienestar de la comunidad; y d) Ayudar a los alumnos a desarrollar las habilidades y valores que necesitan para conducirse dentro de una sociedad libre y justa.
El afecto para el estudiante como persona
En este modelo Shulman reconoce la necesidad de que el profesor adquiera habilidades para vincularse con la totalidad de los alumnos como personas, más que centrarse únicamente en los aspectos cognitivos de la enseñanza. Esto equivale a decir, en el lenguaje actual de la aproximación conocida como Educación Basada en Competencias (EBC), que el profesor o profesora deberán demostrar competencias para la enseñanza, en las que se integren aspectos tanto cognitivos como afectivos.
Aspectos involucrados con la afectividad
M. E. Oliveira y sus colaboradores, en su trabajo titulado “Educación para la ciudadanía y dimensión afectiva”, señalan que la afectividad designa una fenomenología tanto personal o endógena como relacional o exógena. Para estos autores, la cognición y el afecto son esferas interactivas, ya que el ser humano no admite interpretaciones sectoriales, sino que todas las funciones internas generan un proceso evolutivo integrado, equilibrado e interfuncional, como lo son lo sensorio-perceptual, la memoria, el pensamiento, el lenguaje, la cognición, el afecto, etcétera. Una tonalidad afectiva estable entre emociones y sentimientos genera unidad en las personas, promueve su integración como seres humanos. Los autores señalan que el vínculo afectivo es una necesidad primaria significativa que constituye la base para crear los lazos entre el individuo y su grupo social de referencia, y que solo puede ser satisfecho dentro de la sociedad.
Competencias afectivas de los docentes
Olson y Wyett, en su artículo titulado “Teachers need affective competencies”, publicado en la revista Educación, proponen tres categorías de estándares en relación con las competencias afectivas en los profesores, a las cuales denominan autenticidad, respeto y empatía, que incluyen los siguientes comportamientos: a) El profesor(a) demuestra que es una persona genuina, consciente de sí misma y capaz de comportarse de acuerdo con sus sentimientos más verdaderos; b) El profesor(a) valora a todos sus estudiantes como personas dignas de ser consideradas de forma positiva y tratadas con dignidad y respeto; y c) El profesor(a) es una persona empática que entiende los sentimientos de sus alumnos/as y responde apropiadamente a ellos.
Los autores sintetizan una serie de resultados de investigación en los que se demuestra que las competencias afectivas de los maestros tienen un impacto directo sobre el aprendizaje de los estudiantes. Dichas investigaciones han analizado ciertas conductas específicas de los maestros, como las mencionadas anteriormente (autenticidad, respeto y empatía, entre otros), que pueden ser caracterizadas como: 1) Muy poco efectivas (abrumadoras); 2) Poco efectivas (que lastiman); 3) Mínimamente efectivas; 4) Muy efectivas (que apoyan significativamente al alumno); y 5) Extremadamente efectivas (que apoyan, motivan y animan al alumno a explorar por sí mismo).
Clima afectivo y mejor aprendizaje
S. Ginsberg, autor del artículo “Teacher transparency: What students can see from faculty communication”, publicado en el Journal of Cognitive Affective Learning, ante la pregunta ¿Crear un clima afectivo en la clase favorece el aprendizaje? señala que la inmediatez (cercanía), constituida por un grupo de rasgos de comunicación que incrementa la percepción física y psicológica de proximidad con los estudiantes, se correlaciona de forma positiva con buenos resultados por parte de los alumnos, tales como el aprendizaje cognitivo y afectivo, la motivación y las puntuaciones otorgadas a los profesores respecto de su desempeño en clase. La inmediatez o cercanía se incrementa con el uso del contacto visual, el lenguaje de la inclusión y la forma relajada y entusiasta de hablar de los maestros.
Nivel de competencia afectiva de los maestros
Los resultados que se han asociado a diversos niveles de competencia afectiva señalan que los niveles de empatía, congruencia y consideración positiva de los maestros hacia sus alumnos son prácticamente los mismos que existen en la población en general. Es decir, los profesores no han desarrollado de forma particular dichas competencias, lo cual resulta preocupante, dada la responsabilidad que tienen con los alumnos y el impacto que su interacción con estos puede tener para la formación de futuros ciudadanos que emulen estas competencias con sus congéneres. Al respecto, Olson y Wyett encontraron que el nivel promedio de competencia afectiva entre los profesores, directores, supervisores y maestros normalistas en los Estados Unidos, se encuentra por debajo del nivel tres. Asimismo, se ha encontrado que los problemas de disciplina dentro de una clase pueden predecirse a partir del nivel de competencia afectiva interpersonal de un profesor o profesora determinados.
Daño moral y psicológico
Obviamente que un alumno, principalmente del nivel básico, sin excluir a los demás niveles, que es víctima de la falta de competencias afectivas por parte de su maestra(o), lo cual se expresa como discriminación, falta de atención, rechazo y bajo aprovechamiento académico, ocasiona en el niño un daño psicológico y moral, que genera una responsabilidad civil. Que, de acuerdo con el Diccionario Jurídico Mexicano, se alude a los diversos sentidos de la voz responsabilidad: a) como deberes de un cargo; b) como causa de un acontecimiento; c) como merecimiento, reacción, respuesta; y, d) como capacidad mental. El tercer significado es el que recoge la dogmática jurídica: un individuo es responsable cuando, de acuerdo con el orden jurídico es susceptible de ser sancionado.
La ley
El Código Civil Federal, en su folio 1931, Artículo 1916, señala que por daño moral se entiende la afectación que una persona sufre en sus sentimientos, afectos, creencias, decoro, honor, reputación, vida privada, configuración y aspectos físicos, o bien en la consideración que de sí misma tienen los demás. Se presumirá que hubo daño moral cuando se vulnere o menoscabe ilegítimamente la libertad o la integridad física o psíquica de las personas. (Reformada mediante decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 10 enero 1994)
Efectos nocivos en el desarrollo psicosocial y psicoafectivo
Amén de las repercusiones de carácter moral, debemos incluir el efecto nocivo que ejerce la negligencia afectiva del maestro(a) sobre el desarrollo psicoafectivo y psicosocial del menor, ya que se estarán trastocando los cimientos más sagrados e importantes en el desarrollo personal de un futuro ciudadano.

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