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CIUDAD JUÁREZ: LA APUESTA POR LA PAZ

A cinco años de ser considerada la metrópoli más violenta del mundo, Juárez pasa del miedo a la esperanza: 28 meses sin un secuestro, la extorsión fue erradicada y 2 mil 700 asesinatos menos comparados con el 2010. La fórmula está en ellos, en el valor de su gente

MARGARITA SOLANO ENVIADA ESPECIAL/LOPOLITICO.COM Actualizada 04/02/2016 a las 10:06    
En Ciudad Juárez, el Papa se reunirá con internos del Cereso número 3, con migrantes y con víctimas de la violencia que azotó esta urbe fronteriza entre 2008 y 2010; posteriormente sostendrá una reunión con empresarios.  FOTO: EFE

En Ciudad Juárez, el Papa se reunirá con internos del Cereso número 3, con migrantes y con víctimas de la violencia que azotó esta urbe fronteriza entre 2008 y 2010; posteriormente sostendrá una reunión con empresarios. FOTO: EFE

CIUDAD JUÁREZ, Chihuahua.- Un militar fornido y amable mira a los ojos, revisa maletas al azar, da la bienvenida. Hace 5 años, miles de ellos custodiaban Ciudad Juárez para hacerle frente a la delincuencia organizada que convertiría a la ciudad fronteriza en la más violenta del mundo: 3 mil asesinatos.
Los pocos soldados hoy se ven desde el aeropuerto, un centro comercial, una que otra calle. La imagen de un centenar de hombres en tanques de guerra con ametralladoras se ha marchado. En su lugar, 2 mil policías municipales con cientos de mujeres se capacitan para concluir la secundaria, luchan por un título universitario.
Pasando la Avenida Insurgentes, una muchacha se frota las manos mientras espera el verde. Del lado derecho, una camioneta deja la ventana abierta para que un perro saque la cabeza. En el pasado oscuro de Ciudad Juárez, ningún automovilista miraba a los ojos a otro conductor, el claxon no se oprimía para rebasar, así murieron cientos. Mantener la mirada fija en el horizonte, sin voltear a nadie, era una especie de código de protección en una ciudad que se desangraba por una guerra frontal entre el Cártel de Juárez y el de Sinaloa.
En el pasado, Juárez perdió. Un hijo, un primo, un amigo, un
hermano.
A Cindy, una policía de 35 años, la delincuencia le quitó una amiga, también policía municipal. Su cuerpo quedó tendido junto a la patrulla que hoy conduce. Ese mismo año, El Mix, un pandillero, se debatía entre la vida y la muerte después de 118 puñaladas, y en Villas de Salvárcar le avisan a una mamá que su hijo ha sido masacrado.
Hubo un año en el que nadie quería visitar Ciudad Juárez, parecía que el mundo giraba al revés. Las maestras con miedo de los alumnos, los alumnos sicarios, policías vinculados con redes de explotación de mujeres, fue en el 2010 cuando el alcalde de la ciudad vivía en Estados Unidos y no en la población que gobernaba.
En palabras de César Omar Muñoz, el hombre al frente de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, en esa época más de mil delincuentes pusieron de rodillas a 5 millones de chihuahuenses, de ese tamaño era el calibre de perversidad de estos hombres.
Las distancias en la ciudad más habitada de Chihuahua son extensas, secas, polvosas. Los Yonkees, donde se compran autos chocados y se venden autopartes, reabren sus puertas en terrenos donde antes reposaban esqueléticas construcciones abandonadas por no pagar las cuotas de extorsión al narcotráfico. Con la misma suerte corrieron gasolineras, bares, restaurantes.
Hoy el centro es una fiesta. Almacenes que venden botas, bufandas, suéteres, guantes, sacan bocinas a la puerta, se mezcla en el ambiente un reguetón, una canción de banda norteña, una salsa del más allá. Parece una fiesta vecinal donde los microempresarios compiten con canciones pegajosas para avivar las ventas.
De frente, un letrero rojo de “Yo amo a Juarez”, refugio de uno que otro indigente que se echa una siesta mientras un par se monta en sus letras, se toman la fotografía de tradición con la Catedral de fondo, la fuente en el parque y una paloma blanca extiende sus alas.
Al fondo está Francisco I, sí, la imagen del Papa, próximo invitado especial de la ciudad.
En la silueta de cartón cualquiera puede hacerse al lado y ver como el Santo Pontífice te abraza en una mañana de invierno. Dentro de la carpa blanca, un libro del mismo color espera el mensaje de tres sesentonas.
“Querido Papa Francisco, su visita alegrará los corazones de tantos fieles olvidados. Ciudad Juárez necesita su plegaria para sanar las heridas de una sociedad doliente”.
Once mil fieles han puesto un mensaje en tres libros que deambulan por el centro, las escuelas, oficinas y zonas marginales de Juárez. Cuando Bergoglio se despida de la ciudad, llevará entre sus manos los libros blancos.
Ahora Juárez sana sus heridas
El Congreso estatal de Chihuahua reformó 220 leyes, les cambió la jugada a los delincuentes. Desde hace 2 años, una treintena de secuestradores, cientos de extorsionadores y una veintena de asesinos de la ciudad de Juan Gabriel tienen prisión vitalicia. De 3 mil homicidios en el 2010, el 2015 cerró con 311. De 76 secuestros, se erradicó el delito. De 93 extorsiones hace 5 años, ahora se registran cinco.
Cuenta Javier González Mocken, a un mes de rendir protesta como alcalde de Ciudad Juárez, que en estos 5 años en Ciudad Juárez “se hicieron reformas importantes en el sistema penitenciario, que era el centro de operaciones de grupos delincuenciales; se inició una intensa actividad del Gobierno y desde la misma sociedad en recuperar sus espacios públicos para que los niños salieran a jugar a los parques; se detuvieron varias bandas de secuestradores, asesinos, extorsionadores”.
Su antecesor, Enrique Serrano Escobar, quien orquestó la mayoría de las transformaciones de la ciudad fronteriza desde que era diputado federal en el 2009, hoy tiene licencia para competir por la grande: quiere ser el próximo gobernador de Chihuahua, una silla que en el 2010 era impensable para un edil que gobernaba la entonces ciudad más violenta del mundo.

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