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INGENIERÍA HUMANA

¿Qué es el tiempo?

No olvides que este domingo comienza el Horario de Verano, por lo que debes adelantar tu reloj una hora

Eugenio García Romero Actualizada 03/04/2016 a las 09:38    
Durante el 2015,  el horario de verano significó un ahorro de mil 470 millones de pesos en energía.  LILIA ROSALES

Durante el 2015, el horario de verano significó un ahorro de mil 470 millones de pesos en energía. LILIA ROSALES

Del latín “tempus”, la palabra “tiempo” se utiliza para nombrar a una magnitud de carácter físico que se emplea para realizar la medición de lo que dura algo que es susceptible de cambio. Cuando una cosa pasa de un estado a otro, y dicho cambio es advertido por un observador, ese periodo puede cuantificarse y medirse como tiempo. Gracias al tiempo podemos organizar los hechos de manera secuencial. Este orden deja establecido un pasado, como aquello que ya sucedió, un presente o lo que está pasando en el momento, y un futuro, como todo aquello que va a pasar próximamente.
Tiempo absoluto
El tiempo absoluto significa concebirlo como idéntico para todos los observadores; el tiempo relativo dependerá de cada observador en particular, de su sistema de referencia y de su situación de movimiento, salvo que los eventos estén sujetos a la relación causa-efecto, en cuya situación siempre la causa acontecerá primero que el efecto.
Midiendo el tiempo
El hombre para medir el tiempo inventó los relojes. Los primeros fueron los de sol, hacia el año 3000 antes de Cristo, siendo sus creadores los egipcios. Después los de arena, en la Edad Media, apareciendo en Europa los primeros relojes mecánicos en el siglo XIII, hasta llegar al reloj actual, el digital. Aunque una medida más exacta del tiempo se obtiene con los llamados relojes atómicos.
Reloj atómico
Para determinar el tiempo más exactamente, los átomos de Cesio (Cs) son medidos en estados de energía diferentes. Los átomos de Cs son evaporados en un horno y sorteados magnéticamente, por lo cual solamente los átomos con un estado de baja energía pueden acceder a la llamada “cavidad resonante”. Aquí los átomos son animados por medio de irradiación en un campo de microondas, cambiando de esta manera su estado e incrementando su intensidad. Los átomos que han cambiado de estado, son recogidos en una cámara especial. Puesto que la cantidad recogida es la más grande en una frecuencia particular del campo de microondas, esta frecuencia se mantiene y se cuenta.
El presente
Todos sabemos que el pasado ya se fue, de hecho comentamos que vivir en el pasado es un error. En cuanto al futuro, pues ese todavía no llega. De lo que sí estamos seguros, según nosotros, es del presente. Aunque ¿tenemos conciencia de cuánto dura el presente? ¿Realmente estamos conscientes del momento exacto del presente? Al respecto, el neurólogo de California, Benjamín Libet, en su nuevo libro “Mind time: The temporal factor in consciousness”, suscita nuevos interrogantes sobre los mecanismos de la conciencia. Libet ha constatado que para que un acontecimiento pase el umbral de la conciencia y sea registrado por una persona, el tiempo desempeña un papel fundamental, ya que si el acontecimiento ocurrido no dura más de medio segundo, el consciente humano sencillamente lo ignora. Según Libet, el cerebro no tiene ninguna posibilidad de alcanzar la velocidad de los acontecimientos, ni por tanto de atrapar el tiempo que transcurre, ya que el tiempo de nuestras percepciones está retrasado alrededor de medio segundo respecto al tiempo real.
El ahora dura 3 segundos
Pedro Donaire, en su artículo “Nuestro ahora dura 3 segundos”, menciona que en estudios transculturales que datan de 1911 ya se demostró que las personas tienden a operar en ráfagas de 3 segundos. El adiós, las frases musicales y los balbuceos y gestos de bebés duran alrededor de los 3 segundos. Muchos eventos fisiológicos básicos, como la respiración relajada y ciertas funciones del sistema nervioso, también duran eso. En otras diversas especies de mamíferos y de aves siguen esta regla general en sus patrones de movimiento corporal. Un estudio de 1994 con jirafas, okapi, corzos, mapaches, osos panda y canguros, residentes en parques zoológicos, por ejemplo, descubrieron que aunque la duración de cada movimiento de los animales, desde masticar a defecar, variaba consid erablemente, el promedio que se calculaba era de unos 3 segundos. “Lo que se demuestra de una investigación más amplia, es que nuestra experiencia del mundo ronda ese tiempo de 3 segundos”, destaca la psicóloga de desarrollo Emese Nagy, de la Universidad de Dundee, en el Reino Unido.
Tiempo biológico, mental y espiritual
Colwyn Trevarthen, psicóloga de la Universidad de Edimburgo, en el Reino Unido, está de acuerdo con que el patrón de 3 segundos es de suma importancia como base de nuestra experiencia consciente; pero señala que el cuerpo tiene otros ritmos, incluyendo reflejos de fracciones de segundo. Todos ellos conforman nuestro sentido natural del tiempo, que de ninguna manera es un rígido metrónomo. “No estamos hablando de algo tosco y automático, sino de algo flexible y altamente expresivo,” declara Trevarthen. “Es biológico, mental y espiritual. Es ese ahora con el que funciona el espíritu humano.
La filosofía del tiempo
Francisco Titos Lomas, en su trabajo titulado “El Tiempo desde una perspectiva filosófica”, cita que la filosofía griega propensa a la reflexión sobre los más variados asuntos, y abordó la temática del tiempo. De todos los filósofos griegos es, sin duda, Aristóteles el que nos ha legado la doctrina más sólida sobre el tiempo. La visión aristotélica del tiempo está estrechamente vinculada al movimiento, ya que, en su opinión, el tiempo no es posible sin acontecimientos, sin seres en movimiento. De ahí que lo conciba como el movimiento continuo de las cosas, susceptible de ser medido por el entendimiento. Conceptos como “antes” y “después”, sin los cuales no habría ningún tiempo, se hallan incluidos en la sucesión temporal. Esta estrecha vinculación induce a Aristóteles a definir el tiempo en su Física en los siguientes términos: “La medida del movimiento respecto a lo anterior y lo posterior”. Esta definición nos revela que el tiempo no es el movimiento, pero lo implica, de tal suerte que si no tuviéramos conciencia del cambio, no sabríamos que el tiempo transcurre.
El tiempo como una estructura
El tiempo no es una idea obtenida por abstracción a partir de la observación de los acontecimientos, no es un concepto empírico, sino una estructura necesaria para cualquier observación. El tiempo es la posibilidad que hay en nosotros, en cuanto observamos, de percibir los acontecimientos. Tanto el tiempo como el espacio no son más que relaciones entre las cosas en cuanto que son percibidas. Cualquier experiencia tiene como condición el tiempo, de manera que esta es la condición general de todas las experiencias, superior incluso al espacio, no siempre necesario. Nuestra experiencia externa está sometida a las coordenadas espacio-temporales, mientras la interna solo lo está a la temporal.
 

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