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Ciencia Forense

En la mente de un PEDERASTA

Estas personas se muestran simpáticas al lado del niño, tienen la capacidad de atracción que les permite ganarse su confianza

Eugenio García Romero Actualizada 10/04/2016 a las 11:47    
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Dentro de la criminalidad existen aquellos delitos que, por sí mismos, son aberrantes, incomprensibles y, por qué no decirlo, estúpidos. Tal es el caso de aquellos sujetos que confunden a una niña o niño con un objeto con el cual pueden canalizar sus perversiones sexuales. Como lo manifiesto, tanto a mis alumnos de licenciatura como de posgrado en la Facultad de Derecho de la UAQ, a estos monstruos seguramente su madre no les dio el pecho, les debe haber dado la espalda.

¿Alguna explicación?

Desde el punto de vista de la Biología Forense, la cual es la madre de todas aquellas áreas del conocimiento como lo son, entre otras, la Psiquiatría, la Endocrinología y la Neurofisiología, no existe ningún tipo de registro sobre una patología que subyace bajo esta aberración. Donde sí se encuentra, es en la Psicología Clínica, en donde la ubicamos como una psicopatología y no como una psicosis.

Enfermedad o trastorno.-

De acuerdo con la Sociedad Española de Neurología (SEN), la pederastia no responde a una patología del cerebro, sino que entra dentro de los problemas que la psicología estudia y trata. Dentro de los abusos sexuales a niños, hay dos grupos muy marcados: los situacionales, que responden a impulsos o a situaciones muy concretas; y los fijados, que son muy resistentes al cambio, a la curación y al reconocimiento.
 

¿Enfermo o depravado?

Ana Oliaga, psicóloga de la Asociación Protégeles.com y experta en abuso infantil, explica todas las vergüenzas de esta lacra social. Tratando de responder cuestionamientos, la especialista hace las siguientes reflexiones y da las respuestas para explicarnos:

¿Toda persona que ve pornografía infantil suele ser abusador de hecho o en potencia?

No, de forma automática, pero sí está demostrada la relación entre visionar este tipo de contenidos y la pedofilia. También está comprobado que pornografía actúa como desensibilizadora de ciertas conductas violentas. Ver pornografía infantil también te hace más insensible ante este tipo de comportamientos, pues minimizan las consecuencias y gravedad del acto. Por tanto, existen más probabilidades de que puedan llevarlo a cabo.

Un pederasta, ¿nace o se hace?

Existen varios estudios al respecto que apuntan a tres factores: a) Predisposición genética: por sí sola no desarrolla la desviación sexual, pero sí crea una base.
b) Contexto sociocultural en el que se desarrolla el individuo: por ejemplo, la presión del entorno para que los varones abusen de su poder como un ideal de virilidad.
c) Desarrollo psicológico del sujeto: las personas que han sufrido maltrato, crianza negligente o abusos sexuales en la infancia repiten los mismos patrones, suelen presentar un estado de desinhibición como padecer adicción al alcohol y/o drogas, baja autoestima o sentimientos de inferioridad... recurren al sexo como medio de afrontar sus problemas y lo ven como un acto de violencia o dominio, etcétera.

¿Qué hay en la mente de un pederasta? ¿Es una persona enferma, como un esquizofrénico, o es más bien un depravado que libremente hace el mal?

La Organización Mundial de la Salud considera a la pedofilia como un trastorno de la inclinación sexual, dentro de los trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto. Es decir, que se trata de personas con un trastorno mental y por lo tanto tienen tratamiento psicológico para mejorar e incluso, si se lo proponen, para superar el
trastorno.

¿Cómo se explica que también haya abusadores menores de edad?

Muchas veces estos casos tan prematuros pueden deberse a que ellos a su vez están sufriendo una situación de maltrato (sexual o no sexual) y que genere estas conductas. Las investigaciones suelen señalar la presencia de problemas familiares en los jóvenes agresores sexuales.

¿A qué edades suelen manifestarse síntomas de pedófilia? ¿Cómo pueden prevenirse o detectarse?

En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense (DSM V), se establecen como criterios que el sujeto tenga 16 años o más y debe de ser, por lo menos, 5 años mayor que el niño por el que muestra su
atracción.

Pero, realmente ¿qué ocurre en la mente de un pedófilo?

En un reportaje de Jesús García se nos explica lo siguiente: La adolescencia es clave en el nacimiento de esta psicopatología. “Si el joven se excita con estímulos atípicos, como imágenes infantiles, puede acabar asociando placer sexual con niños”, según Enrique Echeburúa, doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid.
Esa hipótesis la corrobora Santiago Redondo, profesor de Psicología y Criminología de la Universidad de Barcelona: “El adolescente se inicia en el sexo pensando en niños. El problema es que reproduce esa experiencia en su imaginación”.

La influencia del cine y televisión

García continúa señalando que la creencia, exaltada por el cine y la televisión de que la víctima se convierte en verdugo, es cierta. Al menos, en parte. “Los niños de los que han abusado sufren interferencias en su desarrollo emocional. Por eso pueden tener comportamientos anómalos”, indica Echeburúa. El responsable de tratamiento de la cárcel barcelonesa de Brians, Joan Carles Navarro, ha visitado a cientos de pederastas condenados y ha visto casos sorprendentes: “Un hombre admitió que abusaron de él a los 12 años; la misma edad que tenían sus víctimas. Entonces otro paciente se puso en pie y recordó, para su sorpresa, que también abusaron de él”.

¿Cómo se distingue a un pedófilo?

Los psicólogos sí han dado aquí con respuestas firmes, de manual. El pedófilo se muestra simpático al lado del niño; disfruta de una capacidad de atracción que le permite ganarse su confianza sin necesidad, por lo general, de usar la fuerza. Con los adultos, el pedófilo se siente incómodo. Procura rodearse de niños a través del trabajo y el tiempo libre: Sacerdotes, monitores de colonias o vendedores de caramelos, entre otros. Casi todos son hombres.

Los síntomas psicológicos del pederasta

El equipo de psicólogos de la organización Psicología Velázquez, dan la siguiente
información:
Desde un punto de vista psicológico, no existe unanimidad entre los especialistas a la hora de definir con precisión el concepto de “abuso sexual a menores”; los aspectos que diferencian unas definiciones de otras son, entre otros, los siguientes: 1. La necesidad o no de que haya sorpresa por parte del abusador hacia el menor; para muchos autores, la mera relación sexual entre un adulto y un menor ya merece ese calificativo, por cuanto se considera que ha mediado un “abuso de confianza” para llegar a ella.
2. La necesidad o no de la existencia de contacto corporal entre el abusador y el menor; aquellos que no lo consideran necesario, incorporan al concepto de “abuso” del “exhibicionismo”, esto es, la obligación a un menor de presenciar relaciones sexuales entre adultos o, incluso, de participar en escenificaciones sexuales.
3. La cuestión de las edades: tanto en lo que se refiere a si el abusador tiene que ser mayor que el menor, como al valor de esa diferencia y la edad concreta de ambos.
4. También existen investigaciones en las que se consideran abusos sexuales los producidos entre jóvenes de la misma edad.
5. La importancia del abuso sexual percibido, esto es, se considera específicamente como caso de “abuso sexual a un menor” cuando hay repercusiones clínicas en este.

Tipos de pederastas

Se pueden distinguir dos grandes tipos de abusadores: los primarios y los secundarios o situacionales. A. Los primarios muestran una inclinación sexual casi exclusiva por los niños y su conducta compulsiva es independiente de su situación personal. Se trata, clínicamente, de “pedófilos” en un sentido estricto del término.
B. En cuanto a los secundarios, estos se caracterizan porque su conducta viene inducida por una situación de soledad o estrés: el abuso suele ser un medio de compensar la baja autoestima o de liberarse de cierta hostilidad.

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