México

ORA PAPA ANTE LA GUADALUPANA

LOPEZ-DÓRIGA.COM Actualizada 13/02/2016 a las 20:08    
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El papa Francisco pidió dirigir las miradas a la Virgen en absoluto silencio, mismo que todos los feligreses respetaron y cumplieron por algunos minutos.  Televisa

El papa Francisco pidió dirigir las miradas a la Virgen en absoluto silencio, mismo que todos los feligreses respetaron y cumplieron por algunos minutos. Televisa

En la homilía ofrecida por el papa Francisco en la misa celebrada en la Basílica de Guadalupe, el pontífice preparó un mensaje al pueblo mexicano con motivo de su visita al Cerro del Tepeyac.

“María fue al encuentro de su prima Isabel sin demoras y sin dudas, sin lentitud. va a acompañar a su pariente que estaba en los últimos meses de embarazo; el encuentro con el Ángel a María no la detuvo porque no se sintió privilegiada, ni que tenía que apartarse de la vida de los suyos; al contrario, avivó y puso en movimiento una actitud por la que María será reconocida siempre como la “Mujer del Sí”.

“Escuchar el pasaje evangélico, en esta casa, tiene un sabor especial”, señaló con agrado el papa Francisco.

Continuando con su sermón, refirió que “María, la mujer del sí, también quiso visitar a esta tierra de América en la persona del indio San Juan Diego, y así como se movió por los caminos de Judea y Galilea, caminó por los caminos del Tepeyac para servir a esta gran nación”.

“María se sigue haciendo presente a todos nosotros, especialmente a todos que como Juan Diego, sentían que no valían nada”.

De esa manera, indicó el sumo pontífice, él logró impulsar una bandera de amor y justicia: la construcción de un santuario, no de cemento, sino el santuario de la vida, de las comunidades, sociedades y culturas, en el cual nadie puede quedar afuera.



“Todos somos necesarios; especialmente aquellos que normalmente no cuentan por no estar a la altura de las circunstancias, o por no aportar el capital necesario para la construcción de las mismas. El Santuario de Dios es la vida de sus hijos, de todos, y en todas sus condiciones, especialmente, en jóvenes sin futuro y en los ancianos olvidados en tantos rincones”.

“Mirarte, Madre, contemplarte apenas, el corazón callado en su ternura en tu casto silencio de azucenas, y en silencio, y en este estar mirándola, escuchar una vez más que nos vuelve a decir “¿Qué hay, hijo mío, el más pequeño, que entristece tu corazón? ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? Ella nos dice que tiene el honor de ser nuestra Madre; eso nos da la certeza de que las lágrimas de los que sufren no son estériles, son una oración silenciosa que sube hasta el cielo y que en María encuentra siempre lugar en su manto”
“En ella y con ella, Dios se hace hermano y compañero de camino. Carga con nosotros las cruces para no quedar aplastados con nuestros dolores”, indicó.

“Dando de comer al hambriento, de beber al sediento, da lugar al necesitado, viste al desnudo y visita al enfermo; socorre al que está preso, no lo dejes solo. Perdona al que te lastimó, consuela al que está triste, ten paciencia con los demás y especialmente pide y ruega a nuestro Dios”, y en silencio le decimos lo que nos venga al corazón.

“Por eso creo que hoy nos va a servir un poco de silencio. Mirarla a ella, mirarla mucho y calmadamente, y decirle como hizo aquel otro hijo que la quería mucho”, señaló, a lo que luego dijo:

“Mirarte simplemente, Madre,

dejar abierta sólo la mirada;

mirarte toda sin decirte nada,

decirte todo, mudo y reverente.

No perturbar el viento de tu frente;

sólo acunar mi soledad violada,

en tus ojos de Madre enamorada

y en tu nido de tierra transparente.

Las horas se desploman; sacudidos,

muerden los hombres necios la basura

de la vida y de la muerte, con sus ruidos.

Mirarte, Madre; contemplarte apenas,

el corazón callado en tu ternura,

en tu casto silencio de azucenas”.

Luego del sermón, el papa Francisco pidió dirigir las miradas a la Virgen en absoluto silencio, mismo que todos los feligreses respetaron y cumplieron por algunos minutos. La celebración eucarística continuó.

Antes de concluir los ritos de despedida, tomó la palabra el Arzobispo Privado de México, Norberto Rivera Carrera, dando un mensaje dirigido al pontífice: “Este es el lugar de la fuente de misericordia”, indicó Rivera Carrera. “Ella nos llena de la vida del amor misericordioso a nuestro Dios”.

Rivera Carrera aprovechó para agradecer al papa por la obra realizada en su pontificado, para “no seguir cansándonos a la misericordia de Dios”, y además reconoció que el espíritu de este año especial, dedicado al Jubileo de la Misericordia ayuda a “reconstruir juntos esta casita sagrada que es la Iglesia Católica”.

Previo a la bendición, el papa bendijo el regalo que llevó para la Virgen, que es una diadema, misma que será ceñida a la imagen de María en la Basílica.

Esta diadema será, de acuerdo a autoridades de la Basílica, colocada “lo más pronto posible”.



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