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Primer ministro escocés renuncia tras el revés separatista

Estados Unidos y Alemania felicitan a escoceses por ejercicio democrático

EFE Actualizada 20/09/2014 a las 10:33    
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El primer ministro escocés, el independentista Alex Salmond, anunció ayer que dejará su puesto, así como el liderazgo del Partido Nacional de Escocia (SNP) en noviembre, tras el fracaso del “Sí” a la independencia en el referéndum del jueves.

“He comunicado al secretario nacional del SNP que no me volveré a presentar como líder del partido en la conferencia anual”, que se celebra del 13 al 15 de noviembre en Perth, “y que dimitiré de mi puesto como primer ministro”, dijo Salmond en rueda de prensa en Edimburgo.

“Hasta esa fecha, seguiré cumpliendo con mi mandato”, añadió Salmond, de 59 años, quien posteriormente prevé volver a los escaños del Parlamento escocés como diputado por Aberdeenshire East.

“Creo que al partido, al Parlamento y al país les vendrá bien un nuevo liderazgo”, afirmó, añadiendo que ha sido “el privilegio de mi vida” desempeñar el papel de jefe del gobierno regional escocés.

El anuncio de Salmond es una sorpresa en tanto que el líder nacionalista ha conseguido que el apoyo a los independentistas llegue a unos niveles (44.7%) hasta hace poco inimaginables, y que los partidos de Westminster le prometieran un mayor nivel de autogobierno a Escocia ante el temor de que triunfara el “Sí”.

El nuevo presidente o la nueva presidenta del partido dirigirá la campaña del SNP para la elección de un nuevo parlamento regional a principios de 2016, dijo Salmond. “Tenemos una situación excitante que requiere de una nueva dirección”, subrayó.

“Hemos perdido el referéndum, pero podemos seguir llevando la iniciativa política. Y lo que es más importante: Escocia todavía puede emerger como vencedor real”, aseveró el líder independentista escocés.

Salmond encabeza el gobierno regional de Escocia desde 2007, primero al frente de un gobierno de coalición con el Partido Laborista. En 2011 logró con el SNP, de orientación socialdemócrata, la mayoría absoluta.

Escocia rechazó la independencia por un margen amplio y optó por seguir en Reino Unido.

El “No” logró en Escocia más de 400 mil votos, con una tasa récord de participación de 84.59% de los 4.3 millones de electores registrados.

Saludan resultado

La comunidad internacional reaccionó ayer con alivio ante el resultado del referéndum.

El presidente estadunidense, Barack Obama, celebró el resultado de la consulta y felicitó a los escoceses “por su completo y enérgico ejercicio de democracia”.

En un comunicado, Obama indicó que “a través del debate, la discusión y las apasionadas, pero pacíficas deliberaciones, (los escoceses) recordaron al mundo las enormes contribuciones de Escocia a Reino Unido y al mundo y respaldaron mantener a Escocia dentro del Reino Unido”.

Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, se mostró satisfecha por el resultado y apuntó la posibilidad de “repercusiones indirectas” del proceso sobre otros movimientos independentistas en Europa.

El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, felicitó a los escoceses por haber protagonizado un “escrupuloso respeto a la legalidad” que les ha llevado a evitar las “graves consecuencias” que habría conllevado la independencia.

Para el gobierno griego el resultado de la consulta escocesa evita “agitación” y nuevas “turbulencias” en la política europea e internacional.

Y en el ámbito institucional, la Unión Europea reaccionó también con satisfacción ante el resultado del referéndum de Escocia que, a juicio del presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, es “bueno” y favorece una “Europa más unida y fuerte”.



Se desatan protestas

La policía escocesa intervino ayer en Glasgow para separar a decenas de manifestantes unionistas e independentistas escoceses que causaron “desórdenes menores” en la plaza George Square de la ciudad.

Los agentes se interpusieron entre ambos grupos para mantenerles separados cuando los manifestantes comenzaron a lanzar objetos, explicó a la cadena BBC una portavoz policial, al término de una jornada en la que se conoció la victoria del “No” en el referéndum sobre la independencia de Escocia, celebrado el jueves.

Tras la intervención policial, que no hizo detenciones, el ambiente se mantuvo tenso, pero sin mayores incidentes.

Los partidarios del “Sí” reunidos en la céntrica plaza de Glasgow cantaban “Flower of Sco-tland”, el himno oficialista escocés, mientras que los unionistas entonaban “Rule Britannia”, una antigua canción patriótica británica.

La líder de los laboristas escoceses, Johann Lamont, afirmó que el orden se estableció “tan pronto como fue posible”.



Se abre camino de turbulencias

El rechazo de Escocia a la independencia provocó la dimisión del primer ministro Alex Salmond, y a la vez salvó al gobierno de Londres de una humillación y evitó que el primer ministro, David Cameron, tuviera que plantearse la renuncia.

Pero, aunque la votación haya acabado con las aspiraciones independentistas de Escocia durante una generación, como destacó Cameron, parece que desatará un importante periodo de turbulencia constitucional y descontento político en Westminster.

Varios diputados, entre ellos los conservadores de Cameron, han expuesto sus objeciones a las promesas de última hora hechas a Escocia por los líderes de los tres principales partidos si ganaba el “No”.

Sus críticas se centran en parte en la promesa de Westminster de mantener la llamada “fórmula Barnett”, que determina el reparto de fondos regionales en Reino Unido y que ha sido criticada por favorecer de forma injusta a Escocia.

El diputado conservador Owen Paterson exigió inmediatamente que el Parlamento discuta la oferta, mientras el alcalde de Londres, Boris Johnson —considerado un peligro para Cameron— aseguró que fue una promesa “imprudente”.

También pueden convertirse en un campo minado los planes de Cameron de devolver a Escocia más poderes y a la vez encontrar una respuesta a la denominada “cuestión West Lothian”: es decir, el hecho de que los diputados escoceses puedan votar en Westminster cuestiones que sólo afectan a la región de Inglaterra mientras que los parlamentarios ingleses no pueden hacer lo mismo, ya que los temas puramente escoceses se dirimen en su parlamento regional.

El estrecho margen entre los unionistas y los independentistas que se perfiló poco antes de la consulta forzó al premier británico a “todo tipo de concesiones rápidas e imprudentes” hacia Escocia y le debilitó más de lo que ya estaba, dijo el profesor de Politología Steven Fielding, de la Universidad de Nottingham

Muchos diputados conservadores ya eran escépticos respecto de Cameron, debido a su apoyo al matrimonio homosexual y su rechazo a adoptar una línea más dura respecto a la Unión Europea. Además, está a punto de concluir el mandato de un gobierno que para muchos se ha visto paralizado por la coalición con los liberaldemócratas.

“Es difícil hacer cambios constitucionales en los mejores tiempos”, apuntó Fielding.

La “cuestión West Lothian” fue planteada por primera vez hace más de un siglo por el entonces primer ministro William Gladstone y nunca se ha resuelto.

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