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Estado Islámico usa violencia como recurso para conformar califato

NOTIMEX Actualizada 22/09/2014 a las 17:44    
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Las decapitaciones, secuestros y asesinatos de minorías religiosas y étnicas, como recurso del autodenominado Estado Islámico (EI) para aterrorizar a todos los que se oponen a su particular interpretación del islam, son también una justificación en la conformación de un Califato Islámico en las zonas que controla, con su líder Abú Bakr al-Baghdadi como califa.

El grupo, que surgió de la ruptura de la organización yihadista al-Nusra con Al Qaeda, se autodenominó en abril de 2013 Estado Islámico para Irak y el Levante (EIIL), luego tras la conformación del califato en junio de 2014, lo acortó para quedar simplemente como Estado Islámico.

Según fuentes estadunidenses, los integrantes del EI sumarían hasta 31 mil 500, pero el experto iraquí Hisham al-Hashimi los calcula entre 30 mil y 50 mil, de los cuales 70 por ciento se unieron por miedo o coacción.

El resto serían ideólogos del movimiento que pugna por una versión salafista yihadista del islam, con métodos favorables al combate armado para liberar a los Estados musulmanes de toda ocupación extranjera.

La cifra dada por los servicios estadunidenses de inteligencia incluye a más de 15 mil yihadistas extranjeros, en especial del norte de África y Europa Oriental, así como unos dos mil de Occidente, que viajaron a la zona de conflicto en el este de Siria y el norte de Irak, en las ciudades de Mosul, Tikrit, Faluya, Tal Afar en Irak, y Raqqa en Siria.

Raqqa es considerada la capital del Califato Islámico no reconocido técnicamente, pero que controla de facto un territorio de poco más de 56 mil kilómetros cuadrados a las órdenes de Abu Bakr al- Bagdhadi, conocido como califa Ibrahim.

De acuerdo con el profesor de Estudios Islámicos de la Universidad Saint-Joseph de Beirut y del Pontificio Instituto Oriental de Roma, Samir Khalil Samir, el nombre real del califa es Ibrahim Awad Ibrahim Ali al-Badri al-Samarrai, quien nació en Samarra en 1971, y Abu Bakr al-Husseini al-Qurashi es su nombre de guerra.

El experto diseccionó ese nombre de la siguiente manera: Abu Bakr es el nombre (kunyah) del primer califa, es decir, el primer sucesor de Mahoma. Al-Baghdadi hace referencia al más famoso califato islámico de la época, el abasí, cuya capital era Bagdad (750-1258). Al-Husseini evoca a Hussein, hijo de Ali y Fátima, hija de Muhammad, las figuras más veneradas en el islam chiíta; y al-Qurashi, es la tribu de Mahoma, originaria de Quraysh.

A la muerte del profeta Mahoma, en el año 632, quienes le sucedieron adquirieron el nombre de califa o “Sucesor del Enviado de Dios” hasta que en 1924 el califato fue abolido por Mustafa Kemal Ataturk, fundador de la Turquía moderna.

Con el fin del califato, los países suníes fueron divididos y controlados por potencias extranjeras, que impusieron su dominación en los planos económico, militar y cultural, según el profesor de la Universidad de Oxford, Farhang Jahanpour, experto en la historia del Medio Oriente y del islamismo suní.

Desde que el Islam apareció en los desiertos de Arabia en el siglo VII, con su mensaje monoteísta y el eslogan “No hay otro Dios que Alá y Mahoma es su profeta”, cambió la condición de los árabes y dio origen a una religión y una civilización que hoy en día tiene unos mil 500 millones de fieles en todo el mundo, señaló Jahanpour.

La caída del imperio turco-otomano y la abolición del califato en 1924 no solo fue traumática en sentido político y militar, ya que al mismo tiempo los suníes perdieron la máxima autoridad religiosa con su función unificadora, añadió.

Las raíces del EI se remontan a la conformación en 2002, un año después de los atentados de Al Qaeda a Estados Unidos y la invasión de Washington a Irak, de la formación Tawhind wa al-Yihad por el jordano Abu Musab al-Zarqawi, quien juró lealtad al fallecido Osama Bin Laden.

Tras la muerte en 2006 de Zarqawi, considerado como muy extremista, la rama de Al Qaeda en Irak creó la organización Estado Islámico en Irak (EII), misma que fue debilitada por las tropas estadunidenses, por lo que se crearon los consejos de tribus árabes sunitas (Shawa), de donde surgió en 2010 el liderazgo de al-Baghdadi.

En abril de 2013, durante el conflicto interno en Siria para derrocar al presidente Bashar al Asad, el califa Ibrahim anunció la fusión de sus fuerzas en Irak y Siria y la creación del Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL). A partir de ese momento se dio la ruptura con Frente Al-Nusra y Al-Qaeda, y los fieles seguidores de al-Baghdadi ayudaron a EIIL a permanecer en Siria.

En diciembre de 2013, EIIL género en Irak un enfrentamiento político entre el gobierno chiíta y la comunidad árabe sunita minoritaria, tras lo cual tomó el control de la central ciudad iraquí de Faluya.

En junio de 2014, el EIIL invadió la norteña ciudad iraquí de Mosul, y luego avanzó hacia el sur, hacia Bagdad, y tras consolidar su control sobre decenas de ciudades y pueblos declaró la creación del califato.

En agosto de 2014, los yihadistas obligaron a la minoría iraquí religiosa Yazidie a huir a la frontera con Siria por no querer convertirse al islamismo sunita.

En el territorio controlado por EI, conformado por unos ocho millones de personas, y en cuyos suelos se ubican importantes campos petroleros, presas, carreteras y cruces fronterizos, se aplica una interpretación de la Sharia, la ley del islam. Las mujeres deben llevar velo, los no musulmanes deben pagar un impuesto especial o convertirse al islam.

Para el experto en temas de Medio Oriente, Fernando Reinares, jóvenes musulmanes radicalizados o vulnerables a la radicalización hallaron en el EI la esperanza de formar parte de una sociedad yihadista, de un califato con territorio con visos de expansión.

También de un orden social y político con el que reiniciar sus vidas, incluso “emigrando en familia, con un nuevo significado y una nueva identidad colectiva en la cual reconocerse a sí mismos y ser reconocidos por los demás”, según el especialista.

La instauración del califato, considerado un paso exitoso del EI, ha motivado el involucramiento de más jóvenes yihadistas en las creencias y prácticas del salafismo, que justifica la violencia y el terrorismo para defenderse y expandirse.

Incluso, la instauración del califato, que ahora sólo se limita a algunas regiones de Irak y Siria, atrae el apoyo de jóvenes musulmanes de todo el mundo, ante la promesa del EI de romper las fronteras con Jordania y Líbano, en busca de una Palestina libre.

La amenaza que representan las “aspiraciones globales” del EI y su violencia extrema se han convertido en estandarte de la lucha de una coalición de al menos 40 países, encabezada por Estados Unidos, contra los yihadistas.

Estos países han ofrecido su ayuda -que incluye entrenamiento, equipo, ayuda humanitaria y misiones de vuelo de combate- para la campaña emprendida por el gobierno del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

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