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Hoy, Brasil elige a su nuevo presidente

Dos Encuestas indican que Aécio Neves iría a segunda vuelta en las presidenciales, desplazando a Marina Silva y enfrentando a la actual mandataria, Dilma Rousseff

EXCÉLSIOR Actualizada 05/10/2014 a las 08:30    
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Al margen de quien gane las elecciones presidenciales brasileñas, para las que la presidenta y candidata Dilma Rousseff es favorita en una segunda vuelta de votación, hay algo seguro en los comicios brasileños: habrá cambios.

Y los cambios serán “a querer o no”.

Sin embargo, no está del todo claro hacia donde irán, si acaso. “La campaña ha sido acerca del poder, no de como lo van a usar”, lamentó Paulo Sotero, director del Programa de Brasil en el Wilson Center, de Washington.

Cerca de 143 millones de personas tienen derecho a votar hoy en la primera vuelta de una elección centrada en la economía, pero cuyo principal mensaje puede ser que los brasileños ya no están conformes con lo que tienen.

“Quieren mejores servicios, mejores transportes, mejores escuelas, mejor sistema de salud”, dijo Sotero durante una conversación con Excélsior.

Y la elección, como tal, es una representación de este país, donde el tradicionalismo de los políticos será avalado con máquinas de votación computarizadas; que tiene una imagen de sensualidad que contrasta con una enorme influencia religiosa, donde la diferencia entre ricos y pobres ha disminuido pero reina la insatisfacción en la nueva clase media. Algunos creen que la política interna será determinante y lo externo tendrá una baja prioridad, pero para otros eso iría contrario al histórico proyecto hegemónico brasileño.

Tres aspirantes principales se disputan la Presidencia de Brasil y para ganar en la jornada de hoy será necesario que alguno de ellos obtenga más de 50 por ciento de los votos. De no ser así habrá una segunda vuelta el 26 de octubre.

Todas las señales señalan a Dilma Rousseff como la más viable ganadora, con 44 por ciento de la intención de voto, pero también que deberá ir a la segunda vuelta en lo que bien puede considerarse como una humillante victoria pírrica para la veterana política y luchadora social, heredera directa del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2002-2010).

Nacida en 1947 y con una biografía que incluye tres años en la cárcel por sus actividades contra la dictadura militar, Rousseff tiene todas las ventajas. No sólo es la Presidenta sino que representa al Partido de los Trabajadores (PT) y es la heredera señalada “a dedo” en 2009 por el inmensamente popular Lula da Silva, que además ha hecho campaña por ella.

La actual Presidenta fue ministra de Energía y luego jefa de gabinete del gobierno de Lula.

Con todo, existe la posibilidad de que Rousseff pierda al final, aunque los expertos creen que es por menos de 30 por ciento y a depender de una complicada aritmética que uniría de hecho a los dos principales partidos de oposición, el Socialista con su sorpresivamente popular candidata Marina Silva, y el Socialdemócrata, con Aécio Neves.

Según una encuesta de Datafolha, el candidato del Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB) obtendría 26% de las preferencias considerando los votos válidos. Por su parte, la ecologista Marina Silva del Partido Socialista (PSB), que parecía la rival más fuerte para Rousseff, cayó a 24%.

La encuesta Ibope, por su lado, mostró que las intenciones de voto por Neves subieron a 27% mientras que las favorables a Silva cayeron a 24%.

De hecho, los principales ataques políticos del PT, incluso algunos considerados como “sucios”, fueron dirigidos contra Silva. Y aunque cesaron, detuvieron lo que parecía un ascenso meteórico. Ahora, Silva debe vencer a Rousseff y a Neves para convertirse en la primera presidenta “negra y pobre” de Brasil.

Las esperanzas de los adversarios de Rousseff están en que los seguidores de Socialistas y Socialdemócratas se conviertan en el núcleo de una alianza que le niegue el 26 de octubre un segundo periodo presidencial.

Eso, sin embargo, no será fácil.

“Aunque la tambaleante economía y la intranquilidad política han recortado el apoyo de Dilma, los pobres del país se han beneficiado grandemente de las políticas y programas del PT en los pasados 12 años y la mayoría se mantendrá con Lula y su partido”, o sea Dilma, apuntó Peter Hakim, presidente emérito del Diálogo Interamericano, un grupo basado en Washington.

Se cree también que la elección dependerá de los grupos de ingresos medios, pero éstos se encuentran divididos entre Dilma y Marina.

Y Dilma es la cara de la continuidad.

Más aún, cuenta con la ventaja de una Presidencia que en Brasil tiene la capacidad de convencer a los votantes mediante el financiamiento de proyectos y obras públicas. “El hecho es que un precinte brasileño en el poder tiene la capacidad de realizar proyectos que atraen (o compran) apoyo y votos”, comentó el exembajador estadunidense Melvyn Levitsky.

En ese sentido, es un sistema presidencialista, convino Sotero.

Rousseff enfrenta el reto de cambiar, sin embargo. Su posición estatista le creó ya resquemor entre inversionistas mientras algunos aseguran que el modelo de proteccionismo económico seguido por su gobierno agotó ya sus posibilidades y ahora Brasil debe salir al mercado internacional y no sólo como vendedor, como enfatiza hasta ahora el mensaje de su gobierno.

Pero al mismo tiempo, Rousseff preside ahora sobre una economía en recesión y sus primeros cuatro años de gobierno fueron escenario no sólo del mantenimiento de los programas sociales iniciados por Lula da Silva y su auspicio de la clase media; fueron también el marco para el desenlace de escándalos de corrupción en la empresa petrolera estatal Petrobras.

Una serie de manifestaciones de descontentos en Río y Sao Paulo, en demanda de mejorías en los servicios y mejores oportunidades, llegó a poner en duda lo que sería la celebración del surgimiento de Brasil en la escena mundial, con el Campeonato Mundial de Futbol de este año y los Juegos Olímpicos de 2016 como escaparate de su potencialidad.

Ahí están la ventaja y la desventaja de la presidenta Dilma, quien tras 12 años de gobierno del Partido de los Trabajadores —incluso ocho bajo Luiz Inácio Lula da Silva y sus propios cuatro— bien puede ser definida como la candidata de la continuidad.

Los brasileños “quieren cambio (...) pero también quieren proteger lo que tienen”, comentó Hakim.

Rousseff enfrenta la competencia de Silva, que tras asumir la candidatura del Partido Socialista por la muerte del candidato Eduardo Campos en un accidente aéreo, se transformó en un fenómeno mediático gracias a su pasado ecologista y a ser la primera “aspirante pobre y negra” en posición de ganar la Presidencia brasileña.

Uno de los choques entre Rousseff y Silva se refiere al Banco Central, que aquella desea mantener bajo la égida presidencial aunque “con autonomía” y que Silva propone sea independiente. El resultado real se refiere a la relación entre la política y la economía.

El tercero en discordia es Aécio Neves, del Partido Socialdemócrata Brasileño, que ha ganado alguna tracción y según las últimas encuestas supera a Silva. En el peor de los casos Neves o Silva pueden tener un papel determinante y convertirse en el “fiel de la balanza” si es que sus seguidores se suman a los seguidores de otro.

Silva, la ecologista candidata del Partido Socialista que se convirtió en una sorpresiva contendiente, es la voz del cambio, “pero no está probada”, comentó por su parte Hakim, de Diálogo Interamericano.

Hasta hace dos meses la exministra ecologista del gobierno de Lula da Silva era la candidata a vicepresidenta de Eduardo Campos, el candidato del Partido Socialista, como resultado de una alianza que llevó a la lideresa ambientalista, surgida del Amazonas, a un primer plano en la política brasileña: primera negra, primera campesina, primera extrabajadora doméstica, en buscar el máximo cargo de elección de su país.

En alguna medida, los tres candidatos parecen representar corrientes de izquierda moderada, pero también de alguna manera son extraños representantes en un país donde la sensualidad es un reclamo emblemático, pero donde grupos conservadores, esencialmente religiosos, tienen una considerable influencia.

Los tres aspirantes se oponen al derecho al aborto en tanto que Rousseff y Neves apoyan el matrimonio homosexual, mientras Silva tuvo que ceder ante la presión del pastor evangelista conservador Silas Malafaia y declararse en contra alegando su fe evangélica.

Las elecciones de hoy definirán también los gobernadores de los 26 estados más el Distrito Federal y, en el Congreso, los 513 diputados y 27 de los 81 senadores.

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