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Un joven en el EI, un cinturón con explosivos y una esperanza de vivir

Usaid Barho, de 14 años, se ofreció como atacante suicida para poder desertar del Estado Islámico, grupo que lo reclutó tras "lavarle el cerebro"

EXCÉLSIOR Actualizada 27/12/2014 a las 19:58    
Usaid apareció en la televisión estatal esposado y vistiendo un traje amarillo de prisionero durante la recreación de su arresto.  ESPECIAL

Usaid apareció en la televisión estatal esposado y vistiendo un traje amarillo de prisionero durante la recreación de su arresto. ESPECIAL

Antes de que la guerra convulsionara a su pueblo en Siria, Usaid Barho jugaba futbol, amaba las películas de Jackie Chan y adoraba a la bella cantante pop libanesa Nancy Ajram. Su sueño era ir a la universidad y ser doctor.

Su vida, por decir lo menos, tomó un desvío.

En una noche reciente en Bagdad, Usaid, quien tiene 14 años, se acercó a la puerta de una mezquita chiita, bajó el zipper de su chamarra y mostró un chaleco con explosivos para luego entregarse a los guardias.

"Nos indujeron a unirnos al califato", dijo varios días después en una entrevista en un sitio de inteligencia secreto iraquí, donde está detenido.

Usaid describió cómo fue reclutado por los extremistas sunitas del Estado Islámico en una mezquita en su pueblo, Manbij, cerca de Alepo. Dijo que se unió al grupo por decisión propia porque “yo creo en el Islám”.

"Me inculcaron la idea de que los chiitas son infieles y que debemos de matarlos", afirmó durante la entrevista, que pasó frente a un oficial de inteligencia iraquí.

Si no luchaba, se le dijo, los chiitas vendrían y violarían a su madre.

Pronto se encontró en Irak, pero rápidamente tuvo dudas y quiso escapar. Su mejor oportunidad, decidió, fue un riesgoso engaño: ofrecerse de voluntario como atacante suicida para entregarse a las fuerzas de seguridad.

Las guerras en Siria e Irak han implantado graves nuevos estándares para la explotación y el abuso de niños. Miles de ellos han muerto o han quedado mutilados por los indiscriminados bombardeos, en fuego cruzado y en algunos de los casos ejecutados. Jóvenes de grupos minoritarios como los Yazidis, han sido capturadas y convertidas en esclavas sexuales. En tanto, a los muchachos les han dado armas y los han puesto a patrullar o vigilando retenes, o han sido reclutados, como dice Usaid, para ser atacantes suicidas.

En las áreas bajo su control en Irak y Siria, el Estado Islámico ha establecido centros para el entrenamiento militar y religioso de los niños, en un esfuerzo por adoctrinarlos y construir una nueva generación de guerrero.

Uno de los videos del grupo, que muestra un campo cerca de Mosul, en el norte de Irak, se llama a los niños como "los cachorros del califato". En el campo —que se llama igual que el brutal líder de Al Qaeda en Irak, Abu Musab al-Zarqawi, quien murió en un ataque aéreo estadunidense en 2006— los niños son mostrados realizando ejercicio físico y recitando el Corán, mientras que un instructor les explica que son entrenados para pelear a los "chiitas llenos de odio".

Naciones Unidas escribió un reporte el mes pasado en el que se dice que el Estado Islámico "prioriza a los niños como un vehículo para asegurar lealtad a largo plazo, adherencia a su ideología y un grupo de peleadores dedicados que verán la violencia como una forma de vida".

Naciones Unidas dio a conocer un catálogo de horrores infligidos a los niños por parte del Estado Islámico. En Raqqa, Siria, la capital de facto de los militantes, el grupo ha reunido a niños para mostrarles videos de ejecuciones. Ha forzado a niños a participar en lapidaciones públicas. Y en muchos de los videos que muestran ejecuciones, los niños son vistos dentro de la audiencia. (Usaid dijo que sus familiares no le permitieron ir a las ejecuciones públicas en su pueblo, las cuales típicamente ocurrían luego de los rezos del viernes).

Tras una de las decapitaciones mostradas en video en Deir al-Zour, Siria, los niños son vistos jugando con la cabeza de la víctima y burlándose del cuerpo, de acuerdo con el Grupo de Inteligencia SITE, que monitorea las comunicaciones de grupos extremistas.

Refiriéndose a guerras pasadas y al rol de los niños, Lauren Chapuis, asesor regional para la protección infantil en el Medio Oriente y el Norte de la Unicef, dijo: "Cuando se trata de reclutamiento, en el pasado, los niños eran predominantemente de apoyo, mensajeros o espías. Parece que ahora se les está forzando a tomar un rol más activo".

Chapuis dice que todas las partes en las guerras, incluyendo las milicias pro gobierno en ambos países, son culpables de abuso infantil. Lo que pone en otra categoría al Estado Islámico, afirma, es cómo son sus formas de explotación, "públicas y agresivas".

La historia de Usaid, de cómo tras vivir una niñez en Siria donde no era particularmente religioso, terminó convirtiéndose en un yihadista detenido en una cárcel de Irak, es un relato de primera mano de un niño soldado del Estado Islámico que desertó.

Las autoridades iraquíes han mostrado cada vez más en público a detenidos del Estado Islámico, como parte de una estrategia para demostrar que el gobierno está progresando en la lucha, aunque típicamente no permiten que los detenidos sean entrevistados por periodistas. Los detalles de los antecedentes personales de Usaid no pueden ser verificados de manera independiente, pero su entrega en la puerta de la mezquita fue captada en video por un transeúnte.

Primero, luego de que el Estado Islámico tomó el control de su pueblo, Usaid fue llevado a una mezquita local. “Comenzamos a ser aleccionados sobre que los chiitas violaban a mujeres sunitas y de que los chiitas mataban a hombres sunitas”, dijo.

Ahora dice que le lavaron el cerebro. Pero admitió que dejó su casa por decisión propia una mañana que debía ir a la escuela y se unió a un campo de entrenamiento en el desierto. Por un mes, estuvo bajo entrenamiento militar y se le enseñó cómo usar un rifle de asalto y cómo irrumpir en un edificio. Tenía dos comidas al día, en su mayoría era queso y huevos.

Pronto, afirma, “me di cuenta que las cosas que veía eran diferentes al Islám”.

De regreso a casa vio a un grupo castigar severamente a hombres que fueron detenidos fumando cigarillos, aunque en el campo de entrenamiento miraba a combatientes fumando. Dijo que vio a hombres teniendo sexo con otros hombres en tiendas de campaña durante las noches en el desierto. Y dijo que pronto le comenzó a intimidar “la forma en la que mataban a personas inocentes”.

Al final del entrenamiento, se le informó que sus entrenadores lo querían peleando en Irak. Fue llevado, junto con otros nuevos combatientes, a Mosul.

En ese lugar, los reclutas recibieron dos opciones: pelear o ser atacante suicida.

"Levanté mi mano para ser un atacante suicida”, dijo. De esa forma tendría la mejor oportunidad para desertar.

"Si era combatiente e intentaba entregarme a las fuerzas de seguridad podrían matarme, con mi arma en mi mano”, dice.

En días fue llevado junto con un voluntario alemán a través de un tortuoso viaje por Bagdad. Dijo que fue transferido de un operador del Estado Islámico a otro y que estuvo en varias casas de seguridad durante todo el trayecto, incluyendo un estudio fotográfico y una casa cubierta con cañas. Finalmente, llegó a primera horas de una mañana a un apartamento en Bagdad, donde le dieron té y brochetas como desayuno.

Fue transportado a otro apartamento, donde tomó una siesta. Dos horas después, lo despertaron abruptamente.

"Despierta, despierta. Es hora de que te pongas tu cinturón", le dijeron.

Le dieron su blanco: una mezquita chiita en el vecindario de Bayaa.

Unas horas después, al anochecer, caminó a la puerta de la mezquita.

"Abrí mi chamarra y dije: ‘Tengo un cinturón suicida, pero no quiero hacerme estallar'".

La escena caótica que continuó, luego de que el oficial vestido de civil vio el cinturón, fue capturada en un video tomado con un celular por un transeúnte y distribuido a través de redes sociales. "Mantengan a la gente alejada", dice un oficial.

Lo que ha ocurrido ahora con Usaid no está claro. Él dice que quiere reunirse con su familia en Siria, pero las autoridades iraquíes no han intentado contactarlos. El oficial de inteligencia que lo ha interrogado dice que necesita más tiempo para investigar el caso.

Durante la entrevista, el oficial toca a Usaid de forma amigable en una de sus rodillas y en su cabeza y le dice que siga comiendo. “Come más dulces, son buenos para ti”, dice.

Usaid dijo que todavía quiere ser un doctor y que espera estudiar en Turquía. Dice que extraña a su madre y que los iraquíes le han prometido que lo regresarán con sus familiares algún día.

Antes de la guerra, afirma, "éramos una familia normal. Tenía una vida normal".

Sobre si tiene una oportunidad de tener una vida normal otra vez depende, en parte, de cómo los iraquíes lo traten: como un terrorista o como un niño explotado.

Durante las entrevistas, Usaid estaba vestido con ropa deportiva de color gris y no estaba esposado. Unos días después, sin embargo, apareció en la televisión estatal esposado y vistiendo un traje amarillo de prisionero. La televisión lo mostró como terrorista y él recreó su entrega.

Yet Saad Maan, vocero del Ministerio del Interior y del Comando de Operaciones de Bagdad, apareció el pasado martes en la televisión estatal y describió a Usaid como una víctima del Estado Islámico.

Un oficial de inteligencia que ha estado interrogando a Usaid, que habló bajo la condición de mantener su anonimato debido a la secrecía de su trabajo, dijo que él y otros agentes de inteligencia se opondrían a cualquier esfuerzo por juzgar a Usaid.

"Aunque sea llevado a una corte, estaremos de su lado, porque él salvó vidas", dijo.

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