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Papa insta a superar cualquier tipo de represión y merma de libertades

NOTIMEX Actualizada 07/07/2015 a las 20:35    
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El Papa Francisco insistió hoy en pedir inclusión, diálogo y encuentro en Ecuador, porque sólo así se podrá dejar “en el doloroso recuerdo cualquier tipo de represión, el control desmedido y la merma de libertades”.

El Papa hizo estas apreciaciones la tarde de este martes al reunirse con miembros de la sociedad civil en Quito, tras un recorrido en papamóvil y un baño de multitudes, en su camino hasta la iglesia de San Francisco.

Antes de ingresar, recibió las llaves de la ciudad de manos del alcalde Mauricio Rodas Espinel. Luego escuchó los testimonios de laicos empeñados en labor social, quienes contaron sus experiencias.

Al tomar la palabra reconoció que Ecuador, como otros pueblos latinoamericanos, experimenta hoy “profundos cambios sociales y culturales”, pero también nuevos retos que requieren la participación de todos los actores sociales.

Entre ellos mencionó a la migración, el consumismo, la crisis de la familia, la falta de trabajo, las bolsas de pobreza producen incertidumbre y tensiones que constituyen una amenaza a la convivencia social.

“Las normas y las leyes, así como los proyectos de la comunidad civil, han de procurar la inclusión, abrir espacios de diálogo, de encuentro y así dejar en el doloroso recuerdo cualquier tipo de represión, el control desmedido y la merma de libertades”, estableció.

“La esperanza de un futuro mejor pasa por ofrecer oportunidades reales a los ciudadanos”, dio el Papa.

Aludió en especial a los jóvenes y su necesidad de empleo, “con un crecimiento económico que llegue a todos, y no se quede en las estadísticas macroeconómicas, con un desarrollo sostenible que genere un tejido social firme y bien cohesionado”.

Jorge Mario Bergoglio inició su mensaje con una confesión. Dijo sentirse “como de casa”, por haber recibido poco antes las llaves de la ciudad.

A partir de ahí desarrolló una profunda reflexión sobre la justicia social, la pobreza, la exclusión y la explotación de la naturaleza.

Sostuvo que la sociedad debería ser como una gran familia, donde nadie se sienta excluido y si uno tiene una dificultad, incluso grave, aunque se la haya buscado él, los demás acuden en su ayuda y lo apoyan porque su dolor es de todos.

Pero constató que las relaciones sociales o el juego político muchas veces se basa en la confrontación y en el descarte. “Mi posición, mi idea, mi proyecto se consolidan si soy capaz de vencer al otro, de imponerme. ¿Es ser familia eso?”, planteó.

Instó a todos a un “sano ejercicio de humildad” y asumir la propia opción no es necesariamente la única legítima y a reconocer lo bueno que hay en los demás, incluso con sus limitaciones.

Dijo que “en una democracia participativa, cada una de las fuerzas sociales, los grupos indígenas, los afroecuatorianos, las mujeres, las agrupaciones ciudadanas y cuantos trabajan por la comunidad en los servicios públicos son protagonistas imprescindibles en este diálogo”.

Advirtió que lo que cada uno es y tiene ha sido confiado para ponerlo al servicio de los demás.

Expresó que “la propia tarea consiste en que fructifique en obras de bien porque “los bienes están destinados a todos, y aunque uno ostente su propiedad, pesa sobre ellos una hipoteca social”.

Pidió que la explotación de los recursos naturales no busque el beneficio inmediato porque ser administradores de esa riqueza recibida compromete con la sociedad en su conjunto y con las futuras generaciones”.

Consideró que “no se podrá legar este patrimonio sin un adecuado cuidado del medio ambiente”.

“¡Nosotros hemos recibido como herencia de nuestros padres el mundo, pero también como préstamo de las generaciones futuras a las que se lo tenemos que devolver!”, exclamó.

Tras despedirse de la catedral, abordó de nuevo el papamóvil y afrontó otro baño de multitudes.

El entusiasmo se desbordó por las calles de Quito, en su recorrido hasta la Iglesia de la Compañía, que visitó en privado para rezarle a la Virgen Dolorosa.

Esta imagen es recordada porque lloró y parpadeó ante estudiantes del Colegio de los Jesuitas de San Gabriel, el 20 de abril de 1906.

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