TRADICIONAL CORRIDA NAVIDEÑA

Profeta en su tierra

Octavio García “El Payo” fue el gran triunfador al cortar tres orejas

Actualizada 26/12/2014 a las 09:32    
Octavio García.  FRANCISCO IBARRA

Octavio García. FRANCISCO IBARRA

La grandeza de un torero radica en poder cambiar en una misma tarde los abucheos por “óles” y gritos de “¡torero!”.
Dicha situación le sucedió ayer a Octavio García “El Payo” en la tradicional Corrida de Navidad de la Plaza de Toros Santa María, al cortar 3 orejas a los astados de Fernando de la Mora, y salir por tercer año consecutivo en hombros de su casa.
Octavio tuvo una tarde de contrastes, sobre todo con el segundo toro de su lote, luego de que el tendido se metiera fuertemente con el espada queretano al considerar que su enemigo era un “novillote”, a pesar de anunciar un peso de 527 kilos.
Durante su faena lo abuchearon, aunque pudo callar los pitos con un par de molinetes, y rematarla con tres templados derechazos, pero se metieron con él tras fallar en su primer viaje para matarlo, por lo que se metió al burladero unos instantes y luego, más tranquilo, pudo pasaportarlo, escuchando un aviso.
Pero el queretano se sacaría la espina, no quería quedarse con el trago amargo de no triunfar con su gente, por lo que regaló un toro también de la dehesa de Fernando de la Mora.
Su nombre fue “Gordito”, quien a pesar de contar con 565 kilogramos, por mucho fue el mejor de toda la tarde; “Payo” inició con una tanda de poderosas verónicas, rematando con una media para así merecer sus primeros óles.
El astado estaba bien presentado, tenía codicia, era noble, fijo, bravo, que humillaba; Octavio logró cuajar una gran faena, la cual disfrutó de principio a fin con una sonrisa de oreja a oreja, y cuando la banda de música entonó “Querétaro lindo”, la plaza estalló de júbilo.
Con pases muy templados, largos y profundos por la derecha llevó su faena; se adornó con trincherazos, molinetes, martinetes, y si bien mató con una estocada tendida a tres cuartos en buen sitio, su enemigo vendió muy cara su muerte, tardando en doblar, demostrando su bravura y casta.
Al final el juez de plaza, Manuel Naredo, premió al toro con arrastre lento y al coleta con dos merecidísimas orejas para ahora escuchar el grito de ¡Payo! ¡Payo!, y ¡torero! ¡torero!, como nunca lo había vivido.
Con el primero de su lote, el rubio demostró por qué vive su mejor momento de su carrera, ejecutó una gran faena por el lado derecho, aprovechando la nobleza de “Media Luna” al llevarlo con lentos y profundos muletazos.
Brindó la muerte de su enemigo al tendido, quien respondió con una fuerte ovación al caer con los machos hacia abajo la montera del coleta. El astado pasaba la de seda caminando, humillado cada vez que lo citaba el espada, vestido con un terno de luces en tabaco y oro. En el clímax de la lidea ejecutó un muy torero trincherazo para matarlo con una estocada tendida, en buen sitio, suficiente para hacerlo doblar y cortar la primera oreja de la tarde.
El rejoneador Alejandro Zendejas estuvo variado con su enemigo, San Juanero, un berrendo que le permitió realizar diferentes suertes durante su faena. Inició fallando con el rejón de castigo, pero en el segundo intento lo dejó un tanto delantero.
Los nervios que tenía poco a poco fueron quedándose, para ir de menos a más en sus diferentes suertes. Las más espectaculares fueron dos banderillas al violín, acompañadas por dos giros de 360 grados para ganarse al tendido.
Antes de colocar las banderillas cortas, permitió la presencia de los Forcados Queretanos, donde José Alfredo Caballero realizó una limpia pega al primer intento, aguantando fuertemente los derrotes del bicho, para que sus compañeros lo terminaran por parar y así llevarse una fuerte ovación.
Alejandro cerró su actuación con par de banderillas cortas en un palmo de terreno y el rejón de muerte lo dejó en buen sitio al primer intento; hubo una ligera petición de oreja pero el juez no la concedió.
Tanto Zendejas como Caballero dieron una merecida vuelta al ruedo, pero luego los compañeros de José Alfredo lo levantaron en hombros al ser su despedida del grupo.
Cabe mencionar que el empresario de la Plaza México, Rafael Herrerías subió a la zona del juez a reclamarle airadamente su decisión, pero el tendido se quedó del lado de la autoridad gritándole “¡Fuera!, ¡Fuera!”.
El maestro de Azcapotzalco, Eulalio López “Zotoluco”, se presentó tres días después de recibir el alta de la operación por fractura del meñique de su mano izquierda; el capitalino no tuvo mucha suerte con los toros de su lote; con su primer enemigo, “Ojos Moros”, tuvo varias complicaciones que terminaron por mermar en su actuación como la presencia del aire, mientras que con “Navideño”, el segundo de su lote, parecía que podía tener más suerte, al ser un astado con codicia, bravo al embestir, pero el diestro vistiendo un terno de luces en verde bandera y oro no pudo fraguar una faena redonda para irse en blanco.
Por su parte, Fermín Espinosa “Armillita IV”, hizo su presentación en el ruedo queretano y al espada hidrocálido le protestaron sus dos enemigos.
Con “Lucero”, el primero de su lote, poco pudo hacer ya que fue cuando el viento sopló más fuerte durante toda la corrida, por momentos pudo callar los pitos por los óles, al ejecutar una limpia tanda por el lado derecho, rematando con un martinete, logrando escuchar una fanfarria. Luego, con “Fuego Nuevo”, demostró que tiene hechuras en su tauromaquia, al ejecutar templados derechazos, pero con el acero no tuvo suerte, el toro escupió el acero en su primer viaje, dobló con pinchazo hondo y golpe de descabello, además escuchar un aviso.

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