Humberto Quevedo y Octavio de la Vega se llevaron los premios

Cortan dos orejas

Deslucida tarde en la Novillada de Año Nuevo de la Plaza de Toros Santa María

Actualizada 02/01/2015 a las 08:17    
.  CÉSAR COLUNGA

. CÉSAR COLUNGA


Deslucido festejo se vivió en la tradicional Novillada de Año Nuevo en la Plaza de Toros Santa María, a pesar de que los espadas queretanos Humberto Quevedo y Octavio de la Vega cortaron una oreja cada uno a los astados de Gonzalo Iturbe.
Humberto Quevedo vivió una tarde de contrastes; con su primer enemigo, “Rielero”, cortó un apéndice, a pesar de que tuvo un inició muy complicado al no poder controlar los nervios, al grado de que recibió un levantón sin consecuencias.
Logró calmarse tras realizar un gran quite de cuatro gaoneras muy justas, luego de que previamente André Lagravere realizara un quite de tres ceñidas chicuelinas.
El queretano brindó la muerte de su enemigo al dueño de la plaza, Nicolás González, y al gerente general del coso, Patricio Sinecio; aprovechó las condiciones del burel -que era noble, bravo y codicioso- con templados derechazos y buenos naturales; cerró con muy buenas manoletinas y un trincherazo para matarlo con una estocada trasera y tendida.
Pero con “Jarrito”, Humberto nunca pudo entenderlo, a pesar de que por mucho fue el mejor ejemplar de la Novillada; un astado bravo, con recorrido, pero se le fue vivo.
Lo único rescatable fueron unas templadas verónicas y dos tantas de largos derechazos, pero cuando probó por el pitón izquierdo la faena de Quevedo se desdibujó, y el animal se fue muy encima del novillero, desperdiciando sus grandes condiciones.
En la suerte suprema dejó un pinchazo hondo y luego una estacada trasera, pero al estar entero nunca dobló, escuchando el primer aviso.
Humberto se presionó y no pudo matarlo, a pesar de que el juez de plaza, César Tadeo, le otorgó un poco más de tiempo antes de tocarle el segundo y tercer aviso, con lo se le fue vivo. El animal tuvo que ser sacrificado en el ruedo, ya que los subalternos no pudieron regresarlo por la puerta de chiqueros; el tendido le brindó una gran ovación al astado por su gran bravura.
Octavio de la Vega también vivió una tarde complicada en lo que fue su debut en la Santa María, a pesar de que con el segundo novillo de su lote, la autoridad le regaló la oreja.
Con “Colmenero”, el primero, nunca pudo asentarse en el ruedo; brincaba cada vez que intentaba realizar un pase, ya que el astado protestaba al embestir, levantado la cabeza, buscando el cuerpo de Octavio.
Cabe mencionar que durante el segundo par de banderillas, De la Vega se llevó un tremendo susto, al quedar a merced de los pitones del novillo, pero de milagro no se llevó una herida, lo que también condicionó su actuación durante la lidia; mató con una media estocada tendida.
También con “Morralito”, De la Vega vivió momentos de apuros, como al querer intentar un pase por la espalda con el capote en los medios, pero el novillo pasó por el lado contrario, para salvarse de otro posible fuerte percance, las banderillas las clavó en mancuernas con André Lagravere, dejándolos en buen sitio los tres pares igualados.
Con la muleta, el diestro queretano inició con un péndulo en los medios a un novillo sin fuerza, que se caía y protestaba en la embestida; recibió un primer levantón sin consecuencias, pero tuvo una distracción cuando un aficionado le gritó que se quedara quieto, el bicho lo volvió a prender, quedando lastimado de su pierna derecha.
Al tirarse a matar dejó la toledana completa caída, y la autoridad le otorgó el apéndice, a petición del público queretano que se dio cita en el tendido, aunque no la merecía.
Finalmente, André Lagravere no tuvo suerte en su presentación en el ruedo queretano; su primer enemigo de la tarde fue “Tabaquero”, un astado muy complicado que dejaba la cabeza arriba cada vez que embestía.
El espada yucateco no logró transmitir emoción al tendido; mató con una estocada entera muy caída para escuchar palmas.
Ya con el segundo de su lote, “Garboso”, Lagravere ejecutó tres elegantes chicuelinas; en el tercio de banderillas no estuvo bien, al tener que clavar cuatro pares, todos desiguales.
Brindó la muerte a la ganadera de “Carranco”, doña Laura Herbert de Villasante, pero otra vez André no tuvo un buen colaborador en el ruedo, al ser un novillo de justa fuerza que se quedaba a medio viaje; en la suerte suprema dejó una estocada caída.

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